
De motu propio —porque al Hematólogo nunca se le ocurrió hacerlo— repetimos el examen de sangre y con ello el diagnóstico de Leucemia quedó sin sustento. Entonces esperé con tranquilidad los demás resultados.
La biopsia rompió la calma recién instaurada y le dio un nuevo nombre al cáncer: Linfoma no Hodking de células pequeñas hendidas.
Hasta ahora casi no he dicho acerca de mis hijos, pero esto debe cambiar. En este momento es imperativo hacerlo. Anoche Santiago, mi segundo, —tú le conoces por este nombre— me regaló un sueño de ángeles.
Desde que sabe que tengo el linfoma, me visita y me llama con frecuencia, cosa que antes no hacía.
Yo les he dicho a todos, que deben hacer su vida normal, que sólo me llamen cuando me toquen las quimios, para levantarme con su voz, pero el resto del tiempo nuestra vida debe discurrir como hasta ahora.
No me siento enferma y no voy a manipular la situación con tal de tener sus atenciones. Bastante pesar deben estar sufriendo, para tener encima una madre quejumbrosa.
Tú que leiste EntreCaracoles, ya sabes que todas somos una. Así no te confunde que Esther —la madre— para hablarles del regalo de Santiago, retomé problemas de negocios que competen a nuestra Antonia, mientras la que escribe, sonriente y agradecida es Consuelo, o tal vez la del Recital, que era yo, o incluso puede ser Zarah, la del final; la que se atreve.
Todo es un juego, como la misma vida, y no importa quien se lleve el papel principal, cada una ha de hablar a su tiempo.
¡Ah la pobre Carmen! a ella, incluso en estas circunstancias le costará, pero tendrá que hacerlo y ya tendrá a su lado la buena de Graciela y hasta a la niña para ayudarla a vencer timideces y olvidos.
Hasta ahora casi no he dicho acerca de mis hijos, pero esto debe cambiar. En este momento es imperativo hacerlo. Anoche Santiago, mi segundo, —tú le conoces por este nombre— me regaló un sueño de ángeles.
Desde que sabe que tengo el linfoma, me visita y me llama con frecuencia, cosa que antes no hacía.
Yo les he dicho a todos, que deben hacer su vida normal, que sólo me llamen cuando me toquen las quimios, para levantarme con su voz, pero el resto del tiempo nuestra vida debe discurrir como hasta ahora.
No me siento enferma y no voy a manipular la situación con tal de tener sus atenciones. Bastante pesar deben estar sufriendo, para tener encima una madre quejumbrosa.
Tú que leiste EntreCaracoles, ya sabes que todas somos una. Así no te confunde que Esther —la madre— para hablarles del regalo de Santiago, retomé problemas de negocios que competen a nuestra Antonia, mientras la que escribe, sonriente y agradecida es Consuelo, o tal vez la del Recital, que era yo, o incluso puede ser Zarah, la del final; la que se atreve.
Todo es un juego, como la misma vida, y no importa quien se lleve el papel principal, cada una ha de hablar a su tiempo.
¡Ah la pobre Carmen! a ella, incluso en estas circunstancias le costará, pero tendrá que hacerlo y ya tendrá a su lado la buena de Graciela y hasta a la niña para ayudarla a vencer timideces y olvidos.
