
Acaracolados recuerdos de la infancia
En el patio de mi casa, aquella en que viví con la dama, el cielo se ocultaba bajo el nudo de ramas de la añosa bugambilia.
Abajo, sobre el piso donde transité los días que no volaba, proyectaban su sombra los helechos. Cada una de sus ramas enroscada hacia la punta; volvía sobre si misma. Y cada punta, fue inerme caracol ante el acoso de mis dedos.
En el patio de mi casa, aquella en que viví con la dama, el cielo se ocultaba bajo el nudo de ramas de la añosa bugambilia.
Abajo, sobre el piso donde transité los días que no volaba, proyectaban su sombra los helechos. Cada una de sus ramas enroscada hacia la punta; volvía sobre si misma. Y cada punta, fue inerme caracol ante el acoso de mis dedos.
El destrozo que con tanta frecuencia cometieron mis dedos, ahora me avergüenza, pero en aquéllos días, al arrancar el cogollo, liberé a la rama y la limpié también de los pequeños puntos negros que entonces creía manchas y ahora sé que se trataba de semillas.
Pobres helechos, no quería verlos crecer manchados ni encerrados.
En extraño amasijo de recuerdos, mezclo este, con aquel del jardín y la lluvia de sal sobre los caracoles que se volvieron mar.
Será porque también como la dama, tengo mi parte de malvada, y este pensamiento me lleva a otro, que en aquel entonces si me avergonzó y ahora quiero compartirte.
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Pobres helechos, no quería verlos crecer manchados ni encerrados.
En extraño amasijo de recuerdos, mezclo este, con aquel del jardín y la lluvia de sal sobre los caracoles que se volvieron mar.
Será porque también como la dama, tengo mi parte de malvada, y este pensamiento me lleva a otro, que en aquel entonces si me avergonzó y ahora quiero compartirte.
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En el blog de alma encontré esta imagen de un helecho, verla y volver a esos recuerdos de infancia fue automático, gracias Alma por esas bellísimas imágenes que siempre nos compartes, por toda tu riqueza y gracias a todos por ser amigos entrañables.