Querida Lety:
Terminar la lectura de tu relato me ha dejado el sabor amargo que tiene toda despedida. Extrañaré cada día la espera ansiosa de las diferentes entregas de esta historia.
Terminar la lectura de tu relato me ha dejado el sabor amargo que tiene toda despedida. Extrañaré cada día la espera ansiosa de las diferentes entregas de esta historia.
No soy muy buena para expresar lo que me ha dejado esta lectura. La profundidad de cada una de las reflexiones de esas “mujeres-niñas”, sus dolores, sus dudas y la belleza que encerraban son cosas que causan una sensación intrasmisible en el alma y, para las cuales, las palabras huelgan.
Trataré, de todas maneras, de mostrar qué ha significado para mí, “Entre Caracoles”. Pero como mis sentimientos - vos bien sabés- son imágenes, recurriré a ellas para que me sea mas sencillo.
Playas vírgenes, solitarias y blancas
sembradas de caracoles,
uno junto a otro, desperdigados en la arena,
a la espera de un niño con un balde en la mano
ansioso por recogerlos cual valioso botín.
Caracoles pequeños y laberínticos,
frágiles y musicales,
capaces de encerrar en su pequeñez el bravío sonido del mar.
Tus mujeres-niñas son esos caracoles:
pequeñas, intrincadas,
frágiles por fuera y fuertes por dentro,
cofres humanos de recuerdos y sentires,
donde habita la inmensidad del mar calmo
y la bravura de su tempestad.
Mujeres-caracoles como flores en la playa
cuyo perfume de rosas y jazmines tiñen la historia.
Mujeres que, como el rumor del mar en las caracolas,
nos hablan sólo si acercamos nuestro oído a su corazón.
Espero haber sido justa con tus mujeres y contigo. Gracias Lety por darles vida. Gracias a ellas por dejarse vivir. Gracias por permitirnos mirarnos en ellas como en el espejo de nuestra alma.Con mi cariño de siempre,
Playas vírgenes, solitarias y blancas
sembradas de caracoles,
uno junto a otro, desperdigados en la arena,
a la espera de un niño con un balde en la mano
ansioso por recogerlos cual valioso botín.
Caracoles pequeños y laberínticos,
frágiles y musicales,
capaces de encerrar en su pequeñez el bravío sonido del mar.
Tus mujeres-niñas son esos caracoles:
pequeñas, intrincadas,
frágiles por fuera y fuertes por dentro,
cofres humanos de recuerdos y sentires,
donde habita la inmensidad del mar calmo
y la bravura de su tempestad.
Mujeres-caracoles como flores en la playa
cuyo perfume de rosas y jazmines tiñen la historia.
Mujeres que, como el rumor del mar en las caracolas,
nos hablan sólo si acercamos nuestro oído a su corazón.
Espero haber sido justa con tus mujeres y contigo. Gracias Lety por darles vida. Gracias a ellas por dejarse vivir. Gracias por permitirnos mirarnos en ellas como en el espejo de nuestra alma.Con mi cariño de siempre,
***
Laura nuestra gentil amiga, me ha permitido compartir con ustedes sus impresiones acerca de este viaje que juntos emprendimos, acerca de estas voces que son de todos, de esta conjunción de caracoles que nosotros somos.
Lanzo pues su voz, dueña de esa orfébrica sutileza que es su sello personal y va mi gratitud tras ella.
