miércoles, septiembre 21, 2005

Calma en la superficie, la tempestad al interior

Graciela hace una larga pausa en su lectura, queda pensativa, después baja los ojos y continúa con voz aún más tenue:
Ser mujer. Se dice fácil pero ¡cuánto encierra!, cuántas sensaciones desconocidas y ni siquiera adivinadas vivió desde que lo conoció. La primera vez que sus entrañas se sacudieron en espasmos durante el amor creyó que iba a morir.
También lo creyó cuando vio su ropa manchada de sangre por primera ocasión y se le dijo que se había convertido en mujer y que algún día sería madre. ¡Qué curioso! ¿Por qué estoy hablando de mí, conmigo, en tercera persona?
Yo creí que moría y él se rió y me dijo que era un orgasmo. Buen apetito se me despertó y de qué manera lo calmó mi marido. Era tan fácil entendernos, llegar juntos, ser para él, lo que él quisiera. Y después, cuando ya me había enseñado a comer, de repente… la frustración.
¿Y él? Actuaba como si no sucediera nada así que no podía reprocharle. Me daba vergüenza y también dolor explicarle cómo me sentía ante la nueva situación.
No podía hablar de eso con nadie. Era nuestro y nada más, pero me sentía infeliz. Cuando finalmente se atendió, el daño estaba hecho.
Ahí se aposentó el tercer olvido. Calma en la superficie, la tempestad al interior.
Ahora está en ritmo, sigue narrando para no perder el hilo de su historia. Las inflexiones de su voz revelan lo que siente.
Los dos somos hogareños y amorosos, pero él me ganó la delantera al tomar con los hijos el papel de bueno y no puede haber dos en una casa. Alguien tiene que regañar y castigar cuando es necesario, y esa fui yo. Así me resigné a ser el villano de la película, y también a destacar ante todos el papel de mi esposo como padre amoroso y buen proveedor. Era él quien se preocupaba por peinarlos, perfumarlos y ponerles la ropa nueva para ir a una fiesta. Él quien recibía los abrazos. Acepté el papel que me tocó y olvidé que yo podía ser la buena, mi cuarto olvido. El amor de los hijos sería para él, y a cambio, él sería mío.

3 comentarios:

Nika dijo...

ser mujer, mi Lety, vaya misión en esta vida.

y los orgasmos ¡cuánta revelación traen! ¡cuánto oasis en el desierto!

ser villana: derrotero inevitable, y sin embargo ¡cuánto amamos las villanas! sólo nosotras lo sabemos.

te abrazo

Nika dijo...

y ya, el comentario anterior (y este, obviamente) lo estoy dejando en fecha 13/05/07

Selva dijo...

Le mando un saludo y con este que sean tres los comentarios.

Gracias por leerme, tú das razón de ser a este blog