
Escribir es estar en espera
Es concebir desde las manos. Preñarse con palabras. Madurarlas como el fruto y dejar que revienten en tu pluma.Y no puedo hablar de preñez, ni de fruto, sin pensar en la abuela Chelo.
Istmeña que nació con el siglo pasado y estuvo cerca de tocar los linderos del nuevo. Mujer recia, morena, de gruesas trenzas y gran fuerza. Parió quince hijos, montó en mula por los caminos que su hombre hizo a golpe de machete y llegó a ver que sus hijos construían con dinamita.
Dinamita también, se llamaba la mula que montaba y era la más bronca del Faro, esa finca que ayudó a forjar desde la nada. ¡Ah que hermosa era mi bronca abuela! tanto como los cafetales cuajados de cerezo.
Tengo un recuerdo de la abuela que me fue transmitido por la dama y tiene la pureza de su entorno; la placidez de un cuadro:
Un pequeño canal de riego discurría entre su cocina de aromáticos leños y el comedor de la finca. Ella pasaba y cada vez sumergía por el placer de hacerlo, sus pies pequeños en el agua cristalina. Uno acariciaba al otro y dejaba su piel tan tersa que provocaba pensar, que nunca los posó en el polvo.
Trabajó mucho en la cocina para peones o cosiendo; hoy pantalones para los hijos, inclinada sobre la máquina, y mañana con capotera y mecate, la boca de los sacos del café cosechado grano a grano. Entre esta forma de vida y la tierna edad en que llegó a los brazos de su hombre, no hubo tiempo para aprender ni a leer ni a escribir, sin que esto le restara un ápice de aquella dignidad que en mi recuerdo emana.
Era altiva Doña Chelo. Tenía prestancia. Su cabeza no se inclinó siquiera bajo el peso del dolor, moral o físico, que de ambos supo. De tantos hijos que parió, varios murieron siendo niños y a ella con el último, la madre se le asomó de entre las piernas y vivió así hasta su último día; Sin confiárselo a nadie, al cabo que desde entonces quedó viuda.
Suena duro pero tengo que decirlo, porque basta eso para saber que era templada, como el acero del machete con el que moderó, alguna vez la sombra de cafetos.
Fue guapa en su juventud y siguió siendo bella, tanto como nuestra gente en la vejez suele serlo.
Cuando yo era muy niña, compartí banca de escuela con niños rubios hijos de extranjeros y debo confesarlo, porque para que reviente mi simiente escribo:
Fui tan tonta, como para sentirme afrentada por mi parte indígena y por la falta de estudios de mi abuela. Pero en cuanto tuve uso de razón; Cuando me di cuenta de donde me venía la magia, agradecí cada gota de su sangre y he pedido perdón por mi infantil tontería.
Hoy son personas autóctonas como la inolvidable Doña Chelo, las que me hacen consciente de lo que vale nuestro estado. Su sensibilidad y su arte, sus dialectos y memorias son mi orgullo.
Pero también estoy triste, por la ingenuidad de mi gente para caer en manos de bandidos; por su falta de preparación que los hace presa fácil de los malos, por su hambre que les hace seguirles como corderos. Estoy triste por la incapacidad de nuestro Gobierno; por los políticos oscuros que orquestaron esto y ahora con ojos frios contemplan el desastre,mientras se frotan las manos en espera de recoger el fruto envenenado que sembraron. Estoy triste también por la cara que mostramos al resto del país y al mundo.
Porque vengo pues, de familia indígena, de gente fuerte que nunca esgrimió el machete para otra cosa que el trabajo, porque vi florecer su esfuerzo y el propio en una vida distinta, más blanda que la que mi gente tuvo, porque se que el trabajo dignifica y permite cambiar esquemas, que un hombre digno pone manos a la obra para cambiar su sino, por eso espero triunfe el bien y nos dejen limpiar afrentas, recuperar la dignidad, volver a levantar la cara.
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Este texto con algunas variantes, tiene su lugar natural aquí en esta casa, y no en "quiero decir...", porque será el punto de partida para los recuerdos que no había plasmado, que se confundirán con el presente porque este tiene su razón de ser en el pasado, por tanto que el pasado es la raíz que me sustenta y el presente el fruto de los días vividos.
Viviendo así el hoy; debo decirles que hoy encontré este artículo, que me ha parecido tan acertado que no puedo dejar de compartirlo, por favor, no dejen de leerlo: http://www.eluniversal.com.mx/columnas/61572.html
Ojala todos los medios fueran como el señor Ricardo Aleman quien desde hoy tiene mi gratitud y respeto.