
Cuando Antonia coloca sus hojas sobre la mesa, les dice Consuelo:
—Antes de que me digan nada, quisiera pedirles que no centraran su atención en mi madrina, sé que fue duro lo que escribí, también veraz, pero debo decirles que para mí lo difícil fue compartirlo con ustedes, nunca creí hacerlo. Sí, estaba ahí esa queja escondida en contra de ella, pero no me paralizó. Ustedes saben cuanto la amo y admiro.
Es cierto que me lastimó en muchas ocasiones. Sin embargo para limpiar su imagen baste decir en su descargo, cómo se dio a la tarea, de mantener viva a la madre ausente, en esos corazones puestos a su cuidado.
Cómo fue ella, quien nos enseñó a decir buenos días cada mañana, ante una foto de boda de mis padres, que colocó para ese fin en nuestra habitacíón y confesar también, cómo doblegaba la pereza natural de la infancia, al obligarnos a escribir una carta cada sábado y cómo cuidaba además, que cada uno le diera una noticia distinta, para que mi madre disfrutara cada carta y no recibiera seis copias de la misma. Sólo por eso, les aseguro que todo lo demás, está asimilado.
En lo malo, se que tanto ella como mi padre repetían el esquema de educación que recibieron. Así que a pesar de lo dicho, no guardo ningún resentimiento en contra de ellos, Creo que los dos hicieron lo mejor que pudieron.
Por eso, sin faltar a la verdad, puedo decir que mi infancia fue dichosa. Es cierto que esperaba con ansiedad las vacaciones, pero también deseaba el retorno a esa casa de pisos húmedos y brillantes que siempre me hizo sentir segura.
Además tenía a mis hermanos; la convivencia con ellos mitigó toda tristeza y me estimuló la imaginación.
Lo que en verdad fue difícil compartirles, no se relaciona con los hechos de los demás sino con los propios.
Descubrir que no me conocía me impactó.
Escribía y no me daba cuenta que soy tan capaz, como el mejor manipulador.
He cercado mi cuerpo con un foso sin tenderle puentes. Le he negado todo lo que me pedía y ahora le pago tributo.
Se que desearían preguntarme o exigirme claridad, y tendrían razón, hay más que debo decirles; porque guardo mucho. Dije que deseaba abrirles mi corazón por la puerta que quisieran, pero hoy, les he confiado cuanto pude. Necesito seguir ahondando a solas; ¿podrían no preguntarme más?—.
Todas quedan sumidas en sus pensamientos.
Los de Esther fueron herméticos, ahora rompe el silencio y pide ser la próxima sin que nadie objete.
Al concluir Consuelo su exposición sin dar opción a preguntas, les ha impuesto una consigna y como si esta fuera la señal para marcharse, salen del Morgan.
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Ya te conté que estoy tomando un curso de “Arte y Diseño del Blog Literario” con don
Jorge Jiménez Gómez de Letralia. Él me está brindando recursos para embellecer tu casa; también para aprovechar, con responsabilidad, la riqueza de otros blogs.
Hay uno tan especial, que quiero compartirlo contigo.
Su nombre: Poéticas Reunidas.
Su contenido y definición: Los poetas nos explican a través de sus versos, lo que es la poesía para ellos.
Yo aún no sé cuando logro un poema, imagina cuanta riqueza encuentro en este. Es así como, me permito, con el debido reconocimiento a su fuente, extraer como epígrafe para la confesión que nos dejó Consuelo en
Esto que escribo es terrible, un pequeño extracto de ese Blog que tanto admiro:
"¡Bien te vaya, ladrón, con lo que le robas a tu dolor y a tus amores! ¡A ver qué imagen haces de ti mismo con los pedazos que recoges de tu sombra!
El mexicano
Jaime Sabines (1926-1999) describe la pasión amorosa y se interroga sobre la vida y la muerte a través de un lenguaje directo, cotidiano, lleno de tensión emocional. El poema seleccionado está tomado de Nuevo recuento de poemas (1980)."
http://poeticas.acelblog.com/dentro-de-poco-vas-a-ofrecer-de-jaime-sabines.htmlComo ves este epígrafe viene a ser un paliativo al dolor de nuestra des-consolada amiga Consuelo. Lo que ella hizo:
¡¡Lo hacen los poetas!!