sábado, marzo 25, 2006

IV.-El Ex-Convento de Santa Catalina de Siena y su participación en la historia

El Hotel Camino Real queda a pocas cuadras de la casa de mi abuela, está ubicado en el corazón de la ciudad sobre el andador que desemboca al Centro Cultural. El edificio que hoy ocupa es histórico. Fue construido como Convento de Santa Catalina, y a partir de 1862 y hasta un poco después de 1955 albergó la cárcel Estatal.

La Escuela Abraham Castellanos queda ahora a espaldas del hotel, pero en esos años colindaba pared con pared con el reclusorio. La mía en aquél quedaba a una cuadra de la cárcel, así que muchas veces crucé como todos los estudiantes, ante sus puertas, al ir y venir de la escuela.

El ex-convento hoy luce remozado pero entonces se mostraba sombrío, custodiado por soldados con rifles. Al pasar veía entrar a mujeres del pueblo, no se veían sus caras de tan cubiertas con el rebozo, y los flecos de este también caían hasta cubrir la canasta que casi siempre llevaban colgada del brazo.

Ellas pasaban sin que los guardias las revisaran, a no ser que las detuvieran con brusquedad, para decirles una flor, que por grosera, más parecía un macetazo. Las voces ásperas llegaban hasta el lado contrario de la calle, donde mi madrina o la muchacha que iba por mí a la escuela me obligaban a caminar, ellas trataban que yo no volteara, pero aún así alcanzaba a ver o entender algo.

El piso del portón sigue siendo de cantera, aunque hoy luce limpio y brillante. Entonces también brillaba, pero con una lisura en la que podía advertirse la mugre que lo cubría. O tal vez era la mugre la que charolaba la cantera y hacía que brillara de esa manera, para que los fusiles te asustaran por partida doble, una vez si mirabas directo a los ojos del guardia, y otra cuando veías en el piso el reflejo del cañón.

La mañana de marras, gentes entraban y salían de la prisión sin que nadie les hiciera caso. El comercio de artesanías producido por los presos era abundante, balones de grueso cuero salían por docenas, muebles de madera también, algunas veces pequeños baúles y otros, grandes en verdad.
Mi tío Rubén venía devorando la manzana. Al torcer en la esquina de su casa se topó con una compañera de escuela que venía con su mamá; las saludó y se dio el lujo de sacar dos manzanas de la bolsa para invitarles y pidió permiso para acompañarse con ellas. Aprovechó para echar novio. La niña era uno o dos años más chica que él y si. Puedo sospechar que se gustaban, todavía lo puedo sentir.

El sol caía inclemente. En la acera del frente, el edificio de la Iglesia ofrecía su sombra protectora ante el calor. Atravesaron y él todo un caballero que hasta ese momento venía del lado de la cuneta, al cruzar quedó en la acera y su amiguita en su lugar. Ni tardo ni perezoso, dio un paso detrás de ella, la tomó del brazo y la quitó.Sucedió en ese momento.

No llegó a soltar su brazo, más bien tiró de ella al caer. Violeta vio su vestido manchado de rojo y a Rubén con la cara ensangrentada y los ojos abiertos; mirando sin ver. Ya no habían rizos sobre su frente, ni frente había, eso se podría decir.

Alguien le había dado la voz al guardia: —Que se nos escapa uno en el baúl, que se pela, se nos va—

El guardia no lo pensó, elevó el cañón del fusil y a tontas y a locas dejó ir el escopetazo hacia delante. La bala surcó dos cuadras, más allá de la Iglesia de la Sangre de Cristo; la que ofrecía su sombra para aplacar el calor. En ese momento el galante caballero de quince años, tomaba del brazo a Violeta y ahí quedó.

Los vecinos llegaron a aporrear la puerta de mi abuela mientras gritaban: —mataron a Rubén doña Chelo, mataron a Rubén.—

Mi abuela salió corriendo convertida en una leona, no por enojo ¡Que va! se había metido a bañar y soltó sus largas trenzas, aún no se había peinado, así que corrió desmelenada las cuatro cuadras que la separaban de su hijo, llegó antes que la ambulancia y se arrodilló junto a él.

El último mensaje que recibió el cerebro de mi tío fue masticar. Tenía aún entre la boca un bocado de manzana y seguía mascando sin parar. Ella retiró los trozos de manzana, cerró sus ojos sin brillo y se subió en la ambulancia con él. Sobre la acera quedaron sucios y desordenados los largos rizos, aquellos que caían sobre su frente, y restos de materia encefálica también.
***

Hoy se que cuando esto sucedió Violeta tenía doce años, que pasó como un calvario, las diligencias de reconstrucción de hechos, lloró en cada una de las que asistió y también se que al cumplir los quince años recibió un regalo inesperado y no supo que hacer con él.

14 comentarios:

noemi dijo...

Uff, que impresionante, y qué nítida la narración.
Un segundo estás en lo amoroso, al siguiente en la tumba.
Y... sí te quiero.

Raúl Ríos dijo...

Madre, nunca pienses que no me importan tus mensajes, ya ves he estado ocupado tratando de cambiar el mundo...

Perdóname, tu nieto acaba de ser bautizado, te mandaré fotos con dedicatoria...

Hannah dijo...

Aquí me tienes nuevamente atrapada en tu verbo y en tu historia. Aguardo con el corazón encogido la siguiente entrega, hermanita.

Un besote

Hannah

fgiucich dijo...

Una historia impactante que comienza con la descripción perfecta de ese convento/cárcel, del romance iniciático, de la galantería hoy casi perdida, y el disparo de fusil que mata, simplemente por matar, como esas balas perdidas en las noches de año nuevo. Ud. ha pintado un cuadro que me ha dejado con la boca abierta. Abrazos.

Lo-que-serA dijo...

¡Qué historia, mi Lety! ¡Y qué buena prosa, qué barbara! Me había estado perdiendo tus letras, pero en un tiempito me las bebo todas. Te dejo un abrazo.

marcos dijo...

Esa dama debe estar marcada aun por tan traumàtica experiencia.
Saludos desconocidos
mercos

el blog de pepi dijo...

Me has llevado como en una montaña rusa de sentimientos, pasando de los lindos momentos hacia la fatalidad de la muerte inesperada, pobre chica, me imagino lo traumático de la situación para todos.
Lo lindo sabes que ees Lety? que en mi mente el tío Rubén vive como un personaje felíz y sonriente, él debe estar satisfecho de que lo recuerdes con esa ternura y lo mejor es que él seguirá vivo en nuestra imaginación gracias a tus escritos.
Un beso enorme para ti querida amiga-alma gemela.

Laura dijo...

Lety:
yo sacare fotos y tu fotografias con la palabra. Que poder!
Bellísimo

Tristán Estar dijo...

Qué extrañas son las balas perdidas, no? Podríamos suponer que ni siquiera existen, que toda bala tiene un nombre, que nunca anda perdida. Qué extraños los eventos desafortunados. Algo se trunca, o así eran las cosas ya desde un principio? Dan curiosidad las vidas que se truncan...

blueberrie dijo...

Impresionante tu relato! Comenzaba a imaginarte volviendo de la escuela... por instantes me creí istalada en ese escenario antiguo y mirando a la pareja casi infantil, su complicidad... Nunca podemos predecir cómo acabarán las cosas.
Un fuerte abrazo, Lety.

Raquel Olvera dijo...

Pero qué buena historia. Dura, muy dura. Y muy muy bien escrita. No cabe duda que le ha trabajado doña lety.

(miniña)

Dra. Kleine dijo...

Dioses del Olimpo!

Que cosa! todo tan bonito y... uy!

Me transportaste en el tiempo, vaya que si.

indianguman dijo...

Leo por segunda vez el texto y vuelvo a ensimismarme. Me recuerda a García Marquez, no sé, en especial el final, cuando aún mastica. La realidad supera toda ficción

Ay

campuzano dijo...

que texto mas impresionanate, los años van pasando la verdad se oscurece o se esconde, los abuelos se marchan y nosotros igual... me encanto el relato, felicitaciones...

un abrazo

Campuzano

te invito a conocer lo mio...

Gracias por leerme, tú das razón de ser a este blog