
Todo comenzó con el error del laboratorio en los análisis de sangre y con el Hematólogo, quien debe haber pensado que soy una ignorante, o estoy loca de remate. Y no fue para menos.
Ante el resultado del análisis de sangre que le llevé, me dijo que su diagnóstico era Leucemia Crónica. Que la detección había sido un hallazgo, y que podía adelantarme, que acaso estaría en Fase II. Aunque necesitaba realizar, algunos estudios adicionales, para desechar la existencia de un tumor de otro tipo.
También me anticipó, que en caso de resultar negativos, esos análisis tan sólo confirmarían su diagnóstico. Fue entonces que me solté a reír de buena gana.
Ante su cara de sorpresa tuve que taparme la boca, para intentar parar mi risa. El se mostró bastante molesto.
—Discúlpeme Doctor, no soy una ignorante, pero lo que me dijo tiene gracia. Me está usted informando, que si no choco, de cualquier modo me atropellan y eso me hizo reír. Pero no crea que no le entiendo. Ya me callo, y por favor, hábleme del tratamiento y expectativas de vida, quiero escuchar todo lo que me pueda decir—.
El me preguntó entonces, si quería que le explicara las cosas a mi esposo que iba conmigo, o a mí. Yo le dije que podía hablarme directamente, que estaba en condiciones de asumir toda su información.
Con esto, pudo continuar la consulta con cierta normalidad. Me explicó los tipos de Leucemia. Los nombres eran tan complicados, que le pedí que con su letra los escribiera en mis análisis, para empezar a familiarizarme con ellos. No respondía a mi sonrisa. Creo que con mi hilaridad y la ausencia de espanto, no desperté su simpatía. Tal vez está acostumbrado a lágrimas, desesperación o enojo, de parte de sus pacientes. Yo entiendo que la entereza con la que asumí el diagnóstico, no es mía. Pero si estuvo en mí para fortalecerme en ese momento, y no me abandonó en los subsecuentes.
En esta tu casa, no existe siquiera un cajón con llave. Todos los muebles están abiertos. Así mi vida y sus circunstancias, por esa razón no pude ocultar ni un día, los resultados de mi visita médica. En cuanto se enteraron, los hijos se agruparon alrededor de nosotros y aunque todavía no se si mi actitud fue la mejor, se que fue honesta.
Hablé con ellos y mi marido de buen ánimo y les pedí que lo tomaran con tranquilidad. Que no era cosa de morirme en ese momento. Que la Leucemia no es dolorosa y que antes de ponerme verdaderamente mal, aún podría hacer muchas cosas. Incluso encontré otro motivo para hacerlos reír. El año anterior —el 26 de julio del 2005 si mal no recuerdo— me operé y en esa ocasión presentí que no saldría de la anestesia. Les recordé que entonces oré por un año más de vida, y si no era mucho pedir, por la oportunidad para devolver la dignidad a mi cuerpo y morir flaca.
Esta vez, los análisis de sangre que sirvieron de base para el diagnóstico de Leucemia, me los hicieron el 25 de julio. Por eso pude bromear con mis hijos, acerca de lo claro que Dios me había escuchado. Tuve un año de salud y además iba a morir no flaca, sino flaquísima.
Dejando fuera el humorismo y hablando en plata, el diagnóstico me movió. Abandoné la negatividad en la que me había hundido el conflicto en mi ciudad y reconocí en mis males, su consecuencia.
Mejoré mi actitud, que duda cabe. Quien no se hinca ante una llamada de atención de ese tamaño.
Aún así, el conflicto me había movido tanto de mi eje, que incluso hoy, aunque no lo quisiera, incurro en la ira y sentimientos de venganza, cuando me asalta la inquietud, de que la paz de que gozamos es aparente. Así que estoy luchando conmigo misma para recuperar terreno, porque en esta situación, no me quedé parada, ni mucho menos caminé.
Mi estatura como persona decreció y eso me duele. Lo único que me salva es la serenidad para asumir la enfermedad y esa, me fue prestada. Duele también confesártelo, pero es la única manera de volver al camino.
Tampoco hubo lugar para lágrimas con mis hijos, pero si con mi esposo y ese momento es motivo de otra historia, a la que ya le llegará su turno.
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¿Te confieso algo?
He estado tentada por dejar el blog, o al menos este, por la pena que me causa confundirte con los vuelos de mi columpio.
Esos vuelos donde mi vista se posa a veces en el hoy, a veces en el mañana y otras en el ayer, sin orden ni concierto.
Es cierto que algo de esto, ya lo había subido antes, porque es precisamente la conversación contigo, la que provoca lo que actualmente escribo. Antes eran relatos sueltos y aquí los estoy incorporando a un texto único, el de EntreCaracoles, que es la misión que me fue impuesta, transformar en palabras, escritas especialmente para tí, lo cotidiano.
Ya sabes que no nací para grandes empresas. La simpleza de mi prosa, que a mi me gusta llamar transparencia, jeje mira que complaciente esto siendo conmigo, te dice que apenas soy alondra, aún así, vivo feliz de lo que soy.
Y tú vienes, y a veces eres quien me ha acompañado desde el principio, y entonces lo que cuento no te sorprende. Y otras, eres mi nuev@ amig@ y para tí, las cosas suceden en el momento en que te las narro, porque aquello de lo que no tenías conocimiento o consciencia, sólo existe cuando sabes de ello.
Pero otras veces, nos hemos soltado la mano en el camino, y dejamos de visitarnos, es entonces cuando viene el desconcierto.
Y hay razón para ello. Eel tiempo real no da para visitas y lecturas cada día. La vida nos reclama a tí y a mí con su bagaje de complicaciones. Entonces, perdona por favor a esta tu amiga, por repetirse o inquietarte. Decidí seguir con el blog, mientras no te canse.
Te dejo aquí mi abrazo agradecido